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El proyecto imposible que unió a Charly y Spinetta

 

Desde siempre, cuando alguien esgrime como argumento de presentación de lo que sea “a pedido del público”, dudo. Con la duda genuina y dolorosa del que con ese argumento ha sido estafado varias veces. Es que el concepto de público como sustantivo es una abstracción, es como el concepto de patria. Es de cada uno, para adentro. A veces es preferible un selecto público minoritario pero entendido que una cancha de River llena de boludos. Y como decía Oscar Wilde " Ninguna carrera decente se ha basado en el público”.

Fin de un prólogo que me pareció acorde para meternos en lo importante.

Ya era a pedido del público ciertamente que ocurra la unión de nuestros dos más enormes próceres rockers. Charly y Spinetta siempre estuvieron cerca, sobre todo en ese amanecer democrático de principios de los 80´s.

Ellos eran la voz de la cultura joven, la banda de sonido de la nueva dirigencia. La crónica musical de ese tiempo donde se torcía para el lado bueno el destino de este pintoresco lugar del mundo. Se respiraba democracia, todos estábamos mejor, y estos dos más que cualquiera.

Prolíficos y geniales, Charly García terminaba de hacer Piano Bar, para muchos su obra superior; mientras Luis Alberto Spinetta llegó a presentar dos discos juntos en un Coliseo detonado de fieles, el eterno Bajo Belgrano mas el insondable Mondo Di Cromo, dos obras que marcaron su futuro.

Charly había desintegrado Serú Girán. Spinetta hizo lo mismo con Spinetta Jade. Ellos eran los samuráis, sus guerreros herederos andaban cerca siempre: Fito Páez y Pedro Aznar. Todos ansiábamos que alguna vez unieran fuerzas en algún proyecto conjunto.

Compartían escenarios desde aquel show conjunto de Jade y Serú en Obras circa del 80. La cercanía amistosa era recíproca, basada en la admiración y el respeto por el otro. Luis, Charly y Aznar compartían la autoría de “Peluca telefónica” una humorada musical a la altura de Les Luthiers que cerró el disco “Yendo de la cama al living”. Fito tocaba con los dos, en estudios y en las tablas.

Hasta que un día se ponen de acuerdo en algo. Luis y Charly decidieron emprender la producción de un disco que sería de ambos, se llamaría “Cómo conseguir chicas”, y ahí sí el rock argentino tocaría el cielo. O eso creímos todos.

Aunque de verdad, del gran encuentro solo quedó una sola canción completa, montones de zonas oscuras, un rosario de mentiras que se han dicho y escrito al respecto, el silencio aturdidor de ambos por ese amor y respeto que se profesaron siempre, miles de anécdotas conocidas y un signo de interrogación del tamaño de ambos uno arriba del otro al respecto del disco que no llegó a nacer.

Se juntaron con las mejores intenciones, pero como a veces pasa, no funcionó. La convivencia eventualmente puede desintegrar el mejor de los proyectos, todos sabemos de esas cosas. Ahí se fortalecen los acuerdos y afloran las diferencias. Y la balanza no siempre se inclina para el lado bueno.

Aquí comienzan a favorecerse las leyendas.

Los ensayos iban bárbaros, Fito, Calamaro, Lebón, Sujatovich, Toth, todos aportaban. Recuerdo a Charly trayendo las maquetas a Rock and Pop durante uno de esos impasses que tenían con Grinbank de buena relación. Todos los que habían escuchado algo presagiaban el gran disco, el cenit definitivo del movimiento de rock argentino. La piedra angular que definiría la época destronando a Artaud y a Clics modernos.

La expectativa era altísima, la presión crecía, también Charly y Luis eran iguales en genialidad aunque antipódicos en todo lo demás.

Luis empezaba a ver crecer a sus hijos, fruto de una hermosa escena familiar sostenida en gran parte por Patricia Salazar, su esposa. Lo recuerdo hablando del guerrero de Castaneda, ese que no detiene jamás su marcha, ni cuando está reposando. Mientras que Charly andaba a medio metro del piso, metiendo leña en la caldera del diablo, buscando un símbolo de paz, transitando las noches desde El Dorado hasta Prix D´Ami seguido de una corte de desharrapados que le metían más leña a la caldera.

Fuera de eso todo bien, el talento intacto y las ganas crecían. Dicen los que saben que las sesiones de grabación se empezaron a tornar hasta peligrosas.

Las canciones aparecían pero no se terminaban. De esas sesiones surgen “Rezo por vos”, “La pelícana y el androide”, “Hablando a tu corazón” y “Una sola cosa”. Temas que luego aparecerían en distintos discos de los dos.

Mientras tanto, “Como conseguir chicas” -tal el nombre propuesto para la obra en conjunto-, no aparecía.

De esas jornadas solo quedó terminado un tema, “Rezo por vos”.

Se presentó en la radio, lo tocaron juntos en un programa de televisión que se llamaba Cable a Tierra, que conducía Pepe Eliaschev.

Ahí ocurrió el final, abrupto, arrancado de las historias personales de ambos.

La leyenda cuenta que mientras intentaban limar asperezas no promovidas pero incómodas, Luis y Charly se deciden a tocar en vivo la canción en la tele, ellos dos. Solo ellos dos. En el lugar donde mejor se encontraban, en escena, atrás del teclado uno, con la guitarra colgada del hombro el otro, haciendo mejor el mundo de todos los que miraban y escuchaban lo que fuera que estuvieran tocando. El lugar donde todo se olvidaba, ahí donde sabían que eran imbatibles, inmortales.

Dicen que mientras estaban tocando el tema en la tele, dicen que exactamente cuando cantaban la parte de “Y quemé las cortinas, y me encendí de amor...” suena un teléfono en la producción del programa avisando de manera urgente que se estaba quemando el departamento de Charly. También dicen que cuando se enteraron del asunto Luis se empezó a poner paranoico culpándose del siniestro, porque era él quien había metido esa línea en la canción. Dicen que Charly en un intento por calmarlo le tiró un cenicero por la cabeza, dicen que ahí terminó todo.

Pasado el tiempo las heridas se cicatrizaron, llevando como estandarte esa verdad budista que dice “el dolor es inevitable, sufrir es opcional”. Luis y Charly superaron lo doloroso dejando el sufrimiento para los feos.

Comenzaron a reinventar sus carreras. “Como conseguir chicas” terminó siendo un buen disco de Charly años después.

Un año pasó rápido, lo que sí ve la luz es “Parte de la Religión” con su propia versión de “Rezo por vos”, donde Charly no solo estrena disco sino nueva banda.

Por su parte Luis hace el gran Privé, su primer disco sin batería ya que se había distanciado de Pomo por un rato, con una pequeña ayuda de sus amigos David Lebón, Andrés Calamaro, Ulises Butrón, Isabel de Sebastián y Fabi Cantilo como coristas (algo que también por primera vez Luis incluía en un disco), el Mono Fontana y Héctor Starc. En esa placa están los temas que había aportado al proyecto trunco: “La pelicana y el androide”, “Una sola cosa” más “Pobre amor, llámenlo” dedicado a Charly y por supuesto su propia versión de “Rezo por vos”.

Nunca nada pudo aniquilar ese respeto y esa admiración que ambos se profesaron.

Y a todos nos enseñaron que la discreción y el cuidado del otro son indispensables para ser grandes de verdad. Para mirar todo desde arriba, que es de donde se escapa uno de cualquier laberinto según Leopoldo Marechal.

Esto que sigue es personal.

Con un amigo estábamos en un bar de Las Cañitas una tarde de verano, ya en los 90´s, ambos pasando un espantoso momento que no se notaba pero nos estaba destrozando el corazón. Los dos nos conmovíamos con esa línea de la canción que dice “... y lo dejé todo, por esta soledad...”. Llega Charly y le decimos lo que nos estaba conmoviendo. Charly nos mira y dice: “Esa canción es de Luis, yo llegué y estaba hecha... yo lo único que le puse fue el riff de la introducción, la ra la la lara lala ...”, tararea Charly tocando un piano de aire sobre la mesa.

“Igual el riff ese es impresionante”, dijimos con mi amigo cuando Charly se fue.

Tiempo después me encuentro con Luis Alberto en su fortaleza de la calle Iberá y le digo lo mismo, que linda es la letra de “Rezo por vos”, que linda le había salido, a lo que Luis me responde: “Rezo por vos es de Charly, yo la retoqué un poco al final, pero la hizo Charly…”.

Ahí entendí porque estos dos eternos son tan grandes.

Y básicamente… Porque muchos no lo son.



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